El Gobierno regional resolverá después del verano el concurso que abrirá la puerta a la producción en Cantabria de energía eólica, un proceso que irá más allá de la creación de los 30 parques previstos, porque las empresas que quieran explotarlos deberán poner también sobre la mesa proyectos industriales y económicos rentables e innovadores.

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El consejero de Industria, Javier del Olmo, resume en una frase la filosofía con la que el Gobierno se ha planteado la introducción de la energía eólica en territorio cántabro: “Si usted quiere molinos, va a tener que traer un proyecto industrial”.

Cantabria ha tardado mucho en incorporarse al grupo de regiones que explotan esta fuente de energía y ha sido la última del norte en conceder una autorización para instalar un parque, el de Cañoneras, que se inauguró el año pasado en Soba y que, de momento, explota los 18 megavatios que producen sus 21 molinos.

Ahora, quiere ir más allá, adelantar a las regiones limítrofes en potencia instalada, con 1.500 megavatios, y “cerrar un círculo” convirtiendo a Cantabria en un centro tecnológico en energías renovables.

Y es que el Gobierno ve en el desarrollo eólico una oportunidad histórica para conseguir su autonomía energética y renovar la industria, al usar los megavatios como “estímulo” para atraer proyectos, pero también para convertir a Cantabria en la Navarra de las energías marinas.

La Comunidad Foral no se distingue por tener una alta capacidad de generación eléctrica -la potencia instalada es de 950 megavatios, mientras que en Aragón alcanza los 5.000-, pero fue pionera en la instalación de parques y tiene “todo el conocimiento”.

En su territorio se ubican las bases tecnológicas de las empresas más potentes del sector -Acciona y Gamesa- y el Centro Nacional de Energías Renovables, que alberga el Laboratorio de Ensayos de Aerogeneradores (LEA), una infraestructura única en el mundo por las dimensiones y por la potencia de las máquinas que puede ensayar.

A poco menos de 350 kilómetros, Cantabria construye un Instituto de Hidráulica y su Gran Tanque de Ingeniería Marítima -único en su clase en España y uno de los pocos del mundo-, que quiere transformar en la infraestructura tecnológica de referencia para el desarrollo de proyectos de I+D+i asociados a las energías undimotriz y maremotriz, que aprovechan el movimiento de las olas y de las mareas.

“La plataforma de salida la tenemos”, explica el consejero de Industria, quien, no obstante, reconoce que aunque le gustaría cerrar ese círculo y que las ofertas fueran en esa dirección, el Gobierno no puede actuar en el mercado y tendrá las propuestas que los operadores privados manden “sin descartar nada”.

La tarta se repartirá después del verano, cuando se resuelva uno de los dos grandes concursos que quedan pendientes en el norte de España, junto con el de Aragón.

Pero antes, hacia el mes de marzo, la comunidad autónoma tendrá que aprobar el decreto que anulará la moratoria que durante siete años ha bloqueado la instalación de parques en su territorio y el pliego de condiciones para el nuevo concurso.

Dos años después, empezarán a ser visibles los molinos de viento, hasta un máximo de 750, que se levantarán sobre 10.500 hectáreas distribuidas por casi toda la geografía, salvo la costa, las comarcas de Liébana y el valle del Nansa.

La intención del Gobierno es que los proyectos económicos e industriales lleguen de forma “inmediata”, en esta legislatura, antes de que se empiecen a instalar los aerogenerados; por eso deben ser rentables por sí mismos.

Para entender la importancia del concurso, bastan dos cifras: 3.500 millones de euros y 2.500 puestos de trabajo.

Y es que poner en funcionamiento los aerogeneradores supondrá un desembolso para las empresas adjudicatarias de no menos de 2.000 millones de euros, casi equivalente al presupuesto anual de la comunidad autónoma, a los que tendrá que sumar al menos otros 200 en los proyectos económicos e industriales.

Cuando el circulo se cierre, se habrán creado en Cantabria 2.500 puestos de trabajo.

El consejero de Industria cree que la región ha perdido siete años de desarrollo de esta energía, “probablemente por la debilidad mental” del último Gobierno del PP, que eludió enfrentarse a los que estaban en contra de los molinos para evitar tensiones, pero también opina que a veces “llegar tarde a los sitios significa llegar mejor porque se llega con la experiencia de los demás”.

Lo que es seguro, añade, es que el Gobierno afrontará este proceso con “cautela y rigor”, porque es su proyecto para los próximos 25 años.