El futuro de los biocombustibles está cada vez menos claro, aunque clara está su necesidad. Por un lado la constante subida del precio del petróleo y su dependencia en las economías desarrolladas hacen necesarias nuevas alternativas energéticas. El objetivo de la Unión Europea (UE) es que en 2020 un diez por ciento del combustible utilizado en el transporte provenga de biocarburantes.